Antonio Banderas asegura que su incursión en la dirección cinematográfica no significa su retiro como actor
El malagueño Antonio Banderas aseguró este sábado que su incursión en la dirección cinematográfica no significa su retiro como actor, porque a 25 años de haber iniciado su carrera en el Séptimo Arte, aún no da el 100 por ciento de lo que puede ofrecer en el campo de la actuación.
Al señalar lo anterior, el actor y director confesó que hoy está metido en terrenos que desafían a todas las leyes de la gravedad cinematográfica. “Aunque muchas personas me han aconsejado que me dedique sólo a la actuación, que es lo mío, decidí emprender la aventura de la dirección, porque de lo contrario, me habría traicionado a mí mismo”.
De esa manera, decidió correr el riesgo, y si bien con su primer largometraje, Locos en Alabama se posicionó como una revelación mundial en el campo de la dirección fílmica, con su segunda realización, El camino de los ingleses llega al XXII Festival Internacional de Cine en Guadalajara para que la proyecte en función especial.
Porque, de acuerdo a lo manifestado en entrevista con Notimex, Banderas siempre ha obedecido a su conciencia cuando de nuevos proyectos se trata. Decidió hacer esta segunda película a sabiendas de que la prensa, los críticos o la taquilla podían no quedar satisfechos. “Sea cual sea el resultado, después me ocuparé de ese asunto”, explicó.
El actor y director tiene en su historial más de 60 películas contabilizadas a partir de 1982 cuando debutó con el filme Pestañas postizas, sin embargo ya en 1976 soñaba con ser actor. “31 años después reflexiono en que la vida me permitió hacer realidad ese sueño que ahora se complementa con el trabajo de dirección. Viva Dios”.
Sí, “Viva Dios” porque a sus 46 años, Antonio Banderas ha viajado en el tren de la existencia para conocer lo bueno, lo malo y lo peor de la vida, el universo femenino, y los misterios de la supervivencia con sus aproximaciones a la muerte. “La película es un homenaje a quienes se quedaron en el camino”, señaló el español.
Desenfadado y cordial, parlanchín y atento a cada pregunta, enfundado en playera holgada, jeans y un par de botas de gamuza negra, evocó la España que le tocó vivir en 1978, cuando esa nación “era un pandemónium” en medio del cual Antonio Soler y él eran amigos. Uno quería ser escritor. El otro, actor: “Estás loco”, se decían mutuamente.
Name
Mail (will not be published)
Website
Leave a Comment